En mi práctica artística, el bordado y el collage se convierten en lenguajes esenciales. El bordado es un gesto de reparación y de memoria: cada puntada atraviesa la superficie como quien intenta suturar una herida o trazar una línea de continuidad entre generaciones. El collage, por su parte, me permite fragmentar y recomponer imágenes, creando nuevas narrativas a partir de restos, archivos y recuerdos dispersos.
Mi obra se sitúa en ese cruce entre lo íntimo y lo colectivo, explorando la identidad, la memoria y las dimensiones metafísicas de la experiencia humana. A través de la fotografía intervenida, el hilo y el ensamblaje, construyo espacios donde la historia personal dialoga con la historia compartida, y donde el acto de crear se convierte en una forma de pertenecer.